Resumen Oklahoma City Thunder 1 – 4 Memphis Grizzlies
17 de May de 2013 por Sancho88
¡Menudo patinazo que nos dimos (bueno, me di, pero los fracasos siempre quedan mejor cuando se asumen en la primera persona del plural) en el pronóstico! El 4-3 del análisis no tiene nada que ver con lo que realmente ha sucedido, y es, simple y llanamente, que los Grizzlies son el mejor equipo del Oeste (hasta que Spurs demuestren lo contrario). Ya no hay ninguna duda de que estos Memphis Grizzlies van a por el anillo de campeones, y, además, es difícil cuestionar que ahora mismo Marc Gasol se ha consolidado, no como uno de los 5 mejores centers de la competición (que ya lo era), sino, con bastante probabilidad, como el mejor pívot del planeta. Sí, hay señores que se llaman Bynum, Howard, Horford, López… bla, bla, bla. Ninguno de ellos está aquí (Hibbert probablemente llegue a las finales, pero la comparación hace daño al intelecto), y no es ser ventajista, es que Oklahoma ha caído como un muñeco gracias, en gran parte, a la influencia brutal de un solo hombre: Marc Gasol.
Simplemente, el mediano de los Gasol es una muralla. Atrás es una bestia, un verdadero ‘Grizzlie’ de 2,15 metros de las montañas canadienses de Vancouver lanzando ‘zarpazos’ a diestro y siniestro. Imposible para OKC meterse debajo del aro, y cuando lo hacían, era en momentos puntuales aprovechando descansos de Marc o intentando sacarle personales.Y cuando lo hacían, recuerdo a Marc abofeteando con su tríceps grasiento (de arrastrador de camiones Pegaso) en la cara de Durant, o agarrar por el brazo a los que intentaban entrar en su casa. Y en ataque, pues Marc ha dado un clínic. De repente, ha sacado toda la agilidad que le permite su brutal cambio físico (quién lo diría viéndolo en su etapa de high school), y ahora es totalmente imparable. Cuando un señor saca cosas de Shaquille O’Neal, de Arvydas Sabonis, de Pau Gasol, de Vlade Divac (y no sigo que si no me vais a dar p’al pelo y eso que no tengo), es indudable que no puedes hacer nada para pararlo. Leer más »
Con su victoria de ayer, los Memphis Grizzlies alcanzan las finales de conferencia por primera vez en su historia. Éxito de gestión del GM, Chris Wallace, que ha construido un equipo equilibrado, rocoso y que sabe jugar a este deporte. Zach Randolph, prácticamente denostado por la liga antes de su llegada a Memphis, fue un martillo pilón en ataque y se impuso una y otra vez a los interiores de los Thunder; Marc Gasol, cuyos derechos llegaron de relleno en el trade de su hermano, no estuvo fino en ataque pero cerró su zona a la perfección e impidió tiros fáciles; Tayshaun Prince, que llegaba como ex-jugador de baloncesto en el trade que acabó con Gay en Toronto, maniató a Kevin Durant y le forzó a realizar uno de sus peores partidos de playoffs que se le recuerdan al acabar con 5 de 21 en tiros de campo; Mike Conley, el simple amigo que pasaba balones a Greg Oden en la universidad, tampoco tuvo uno de sus mejores días pero repartió juego y defendió con solvencia. Y qué decir de los Tony Allen, Jerryd Bayless, Quincy Pondexter o Keyon Dooling… Juntos forman un auténtico equipo que se encuentra ante una oportunidad única de alcanzar la final de la NBA y, por qué no, de soñar con el anillo.
Por un lado, Marc Gasol se mostró fundamental por enésima ocasión en ambos lados de la cancha sumando a su constante liderazgo y dirección desde la bombilla 16 puntos en la segunda parte y provocando un 31.1% rival por presencia defensiva, colocación, anticipación y habilidad en las ayudas. Sólo cuando Hollins se vio obligado a sentarlo en el segundo cuarto por problemas de faltas los Thunder pudieron ver la luz, con un 48,1% en tiro durante ese tramo, para remontar una desventaja de dos dígitos y ponerse por delante eventualmente. La excelencia defensiva no siempre requiere de agilidad y musculatura para salir en los highlights con tapones estratosféricos.
El Pacers-Knicks estuvo marcado por el descomunal parcial que encajó Indiana a partir del 8:30 del tercer cuarto. Hasta ese momento, los locales habían sido mejores desde el mismo salto inicial pero los Pacers habían soportado bien las embestidas de NYK, que lograron ventajas de hasta 13 puntos en la primera mitad pero no habían alcanzado a romper el encuentro de manera definitiva. Hasta esos últimos minutos del tercer período. Entonces, cuando el marcador señalaba un 64-62 favorable a los visitantes, el caudal ofensivo de los Pacers se secó y los Knicks se desataron como un huracán, perfectamente dirigidos por un Prigioni coreado por la grada (“¡Pablo! ¡Pablo!”) y con Melo, esta vez sí, muy acertado. El parcial creció. Y creció. Y siguió creciendo. En 12 minutos, los neoyorquinos endosaron un 36-4 a su rival, que también hay que decirlo, no pareció especialmente empeñado en evitar la derrota y en cuanto las cosas se torcieron abandonaron el plan de juego que les hace verdaderamente peligrosos (
Como decimos, nada tuvo que ver lo sucedido en el Madison con lo que a continuación vimos en el Chesepeake Arena de Oklahoma City. Aquí nadie lanzó la toalla antes de tiempo. Sin tregua, Thunder y Grizzlies combatieron durante 48 minutos que consagraron a Mike Conley y pusieron en evidencia lo que ya sospechábamos, que Kevin Martin no iba a mantener el nivel del primer encuetro. Con Derek Fisher como casi único aliado, Kevin Durant mantuvo a su equipo a flote durante prácticamente todo el partido, con rentas insignificantes para uno u otro equipo. Enfrente, Conley, Gasol y Randolph se distribuían el peso ofensivo, y Tony Allen y Prince hacían cuanto podían ante KD. Llegados con 86-88 para los Thunder a los últimos tres minutos, que en el primer partido de la serie resultaron calamitosos para Memphis, Gasol y Conley decidieron simplificar las cosas al máximo. A partir de la asociación entre ambos, los Grizzlies encontraron la fluidez en ataque que les costó el partido del domingo y sentenciaron con un 13-5 en el que también fue determinante la pegajosa defensa de Tony Allen sobre Durant y las ayudas inmediatas de Gasol, Randolph o Prince. El espectacular encuentro de Conley, que acabó con 26 puntos, 10 rebotes y 9 asistencias, le redime de sus pecados recientes, aunque los Grizzlies no pueden evitar la idea de que merecían ir a Memphis con un 2-0. Se tendrán que conformar con el 1-1, igual que Durant, de nuevo enorme (36 puntos, 11 rebotes, 9 asistencias) pero esta vez incapaz de anotar los tiros decisivos (
Por bien poquito no se estrena la 2ª ronda de los Playoff con dos victoria visitantes. Ese “poquito” tiene nombre y apellidos: Kevin Durant. Durante prácticamente toda la segunda parte los Thunder fueron por detrás en el marcador y llegaron a acumular una desventaja de 12 puntos. Durant y Kevin Martin (gran partido el suyo) se encontraban demasiado solos ante el ordenado ataque de los Grizzlies, que poco a poco, cual martillo pilón, iban acumulando ventaja. El tercer cuarto se cerró finalmente con 9 puntos de ventaja para los Grizzlies tras un triple sobre la bocina de Quincy Pondexter y las alarmas sonaban por todo el Chesapeake Energy Arena. Pero el inicio del último cuarto de los de Oklahoma fue fulgurante. En un visto y no visto, Derek Fisher y Kevin Martin (asistidos ambos por Durant) recortaban la distancia hasta los 2 puntos y obligaban a Lionel Hollins a pedir tiempo muerto. Los Grizzlies volvieron a tomar el control y cogieron entre 5 y 7 puntos de ventaja que mantuvieron hasta 3 minutos y 40 segundos, momento el que Durant empató el partido. Parecía que se consumaba la remontada pero los Grizzlies, de la mano de Marc Gasol, se las arreglaron para entrar en el último minuto con 3 puntos de ventaja, pocos si enfrente tienes a Kevin Durant. Con un tiro de media distancia sobre Tayshaun Prince dejó la diferencia en 1 punto. El balón era de los Grizzlies pero un listísimo Derek Fisher se lo pispó a Mike Conley en mitad de la entrada y Kevin Durant no desaprovechó el regalo, otro tiro sobre Prince y ventaja para los Thunder. Gasol perdió el balón, Reggie Jackson anotó 2 tiros libres y Pondexter aún tuvo 3 tiros libres para empatar el partido pero falló el primero (
Los Thunder están en Semifinales del Oeste tras una serie durísima contra los Rockets que se complicó mucho más de lo previsto. Y eso que tras el primer partido de la serie, en el que los Thunder ‘apalizaron’ por 30 puntos a los Rockets, todo el mundo pensaba que iba a ser un paseo. No obstante, Russell Westbrook se lesionó en el menisco derecho tras chocar con Patrick Beverley en el segundo partido de la serie y las alarmas se encendieron en la ciudad de las tormentas. 439 partidos consecutivos (entre Liga Regular y Playoffs) le contemplaban, pero estas lesiones siempre llegan en el peor momento. A partir de ahí, Houston se envalentonó. No tenían nada que perder, y a punto estuvieron de arañar algo en el Chesapeake en el segundo partido de la serie.
Tal vez el resultado con mayor carga emocional fue el que se produjo en Boston, donde posiblemente asistimos al final de la era Pierce & Garnett. Los Knicks dominaron el partido con claridad a partir del acierto de Prigioni en los primeros minutos, cuando el argentino anotó tres triples y puso a los suyos 16 arriba (21-5). Los Celtics sufrieron de nuevo los atascos ofensivos que han marcado su postemporada, especialmente por parte de Paul Pierce, quien tras anotar su primer tiro falló 9 consecutivos. De esta manera, y después de un parcial de 20-4 comandado por Shumpert y JR que se inició al final del tercer cuarto, los Knicks se plantaron con una renta de 26 puntos (75-49) a 9:30 para el final del partido. Todo estaba listo, esta vez sí, para el funeral de los Celtics. Pero los verdes no capitularon sin antes mostrar un último arranque de orgullo, con Jeff Green y Avery Bradley desatados para recortar la diferencia hasta los 4 puntos (77-73). Los Knicks se recompusieron a tiempo, Melo y JR anotaron un par de tiros, y los neoyorquinos pudieron al fin celebrar (
Desde el comienzo del partido en el Barclays Center ambos equipos salieron a por todas, las primeras ventajas las obtuvo Brooklyn Nets con la ayuda de la pareja López-Williams. Por su parte, Chicago era sostenido por los chispazos de genialidad de Nate Robinson. En el último cuarto, tras ir todo el partido a remolque pero con pequeñas diferencias, Chicago Bulls se vino abajo. Brooklyn Nets llegó más fresco (o más necesitado) al último cuarto y eso marcó las diferencias. A Chicago se le vio agotado y fallando muchos pases y tiros sencillos a priori. Hasta tres jugadores superaron los 40 minutos de juego Nate Robinson, Deng y Boozer, básicamente la columna vertebral de este equipo ante los problemas físicos de Noah y la ausencia de Hinrich. Esto terminó por depararnos una diferencia engañosa respecto a lo que fue el partido (