El rey antes del rey

04 de September de 2013 por TheDeerHunter

Aprovechamos el parón para recuperar nuestra “maltratada” sección de Partidos Históricos y lo hacemos con uno de esos mitos “trágicos” que tanto nos fascinan. Se trata de todo un Hall of Fame y uno de los anotadores más explosivos de los 80 que sin embargo no fue incluido por la NBA en la lista de los 50 mejores jugadores de la historia en el 50 aniversario de la liga. Y tampoco tiene la camiseta retirada en el Madison. Supongo que no podemos reprochar mucho ya que nosotros también hemos olvidado su figura en nuestros diversos artículos históricos. En cierto modo es comprensible, como veremos a continuación.

Alero bajo, de físico esculpido en roca volcánica. Carácter combativo pero inteligente y extremadamente eficaz. Podía rebotear y asistir y era notable defensor pero por encima de todo era implacable al poste bajo.  No hablamos de “King” James aunque en cierto modo fue precursor. Algunos ya habréis adivinado que hoy toca recordar a Bernard King.


Empezamos fuerte, diréis. Los 60 puntos que les endosaba de regalo de navidad a sus “excompis” de New Jersey. No vengo a hablar de este partido pero es un excelente catálogo de su juego. Se pueden observar esos giros en suspensión y los rectificados que causaban tantos estragos. Nos encontramos en la temporada 1984/85 cuando nadie le discutía su estatus como superestrella de la liga. Antes de eso había demostrado poder moverse cómodamente por encima de los 20 puntos por partido pero sus problemas extradeportivos le habían impedido consolidarse. Durante las 5 primeras temporadas había militado en Nets, Jazz y Warriors, incluyendo un curso prácticamente en blanco en una clínica de desintoxicación en Utah. Fue ese incidente el que le hizo madurar.

En 1982 llegó a la Gran Manzana a cambio de Michael Ray Richardson vía Warriors, con todos los galones que ya sí se había ganado en La Bahía. Y fue en la 1983/84 cuando rozó la gloria. Podríamos hablar de la serie que se marcó devorando a Isiah y sus Pistons. 42,6 puntos de promedio que se describen por sí mismos. El 5º de la serie bien podría ser nuestro partido elegido:

O también el 6º de la serie contra los Celtics, a la postre campeones. 44 puntos en esta ocasión para tener a mano la posibilidad de cambiar la historia. Sobra señalar el mérito que tiene forzar un 7º contra aquel equipo y también los calificativos a su actuación general en aquella postemporada.

Pero no. No vengo a hablar de ninguno de estos partidos.

Volvemos a la 84/85. Aparte de aquel día de los 60 puntos, King aún subiría su nivel de juego un escalón más alcanzando los 32,9 puntos por partido (récord de la franquicia). En la cima de su carrera a los 28 años, mirando directamente a la cara a los más grandes, Bernard King se trituraba la rodilla el 23 de Marzo de 1985.

La terrible lesión, más aún aquellos años, le apartaría de las canchas el resto del curso y casi dos más. Como no hay mal que por bien no venga los Knicks aprovecharon el desastre de equipo que quedó tras su ausencia para hacerse con Patrick Ewing gracias a la primera elección del draft de 1986. Desgraciadamente, ambos jugadores no coincidirían nunca en cancha porque durante los 6 partidos que disputó Bernard King tras su regreso, el rookie Ewing estaba lesionado. La franquicia, con cierta lógica en aquel momento, no esperaba que pudiera volver a ser aprovechable y no fue renovado. Seguramente apenas nadie lo creía.

Con 31 años y los restos de lo que una vez fue una rodilla cambió New York por Washington, casi como si fuera un rookie. Sus nuevas condiciones físicas obligaban a reinventar radicalmente  su estilo. Olvidarse de su explosividad, olvidarse del poste bajo, del contacto, de absorber la posesión…

“Impossible is nothing” que decía el slogan. Bernard King lo demostró más que nadie. Desde el primer momento volvió por sus fueros con una producción cercana a la de sus primeros años. Como si fuera un joven prospecto fue mejorando campaña a campaña durante las 4 que vistió la zamarra de los Bullets. En la 1990/91, con 34 años aún lograría recuperar el nivel estelar, promediando 28.4 puntos, 5 rebotes, casi 5 asistencias y un robo.

Viajamos a esta temporada para presenciar esta auténtica anomalía en la historia del deporte. Esto, señores, se llama evolución. Este es nuestro partido:

Bernard King cerró el círculo de su carrera. Volvió a la cancha que logró enamorar hacía casi una década ante la afición a la que enloqueció como pocos en aquellos increíbles playoffs del 84 y que lloró su lesión, hacía 6 años ya. Totalmente transformado, casi irreconocible, les ofreció la última gran actuación que le verían. 44 puntos, 12 rebotes, 6 asistencias y 4 robos imposibles de olvidar para ninguno de los presentes. Pocos días después volvía a romperse, esta vez definitivamente.

Bernard King estaba llamado a ser uno de los más grandes. De no mediar lesión hay pocas dudas de que habría sido uno de los 10 mejores aleros de todos los tiempos, uno de los 50 mejores y su número 30 estaría colgado del techo del Madison Square Garden. Sin embargo no hubiéramos podido comprobar los límites de lo posible ante esa milagrosa recuperación y su increíble transformación. Algo verdaderamente único.

Y de postre, una caricia del pájaro:

 

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Un comentario a esta entrada

  1. Esteban dice:
    #1

    sin udas un tracy McGrady de la vida, incluso hasta en sus mejores temporadas sus promedios fueron de 32 puntos y ambos se frustraron a causa de las lesiones,
    buenos jugadores, poco ganadores

    quien va por el mismo camino a este ritmo es un tal carmelo Anthony, año a año las chances de que gane un titulo son menores, pero sus temporadas de 25, 26, 27, 28 puntos por partido son varias,

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