Miami Heat: Excelente

02 de August de 2013 por Sancho88
Se llevaron el título por los pelos, esa es la sensación que nos han dado los Heat. Si el año pasado hubo unanimidad en torno a los campeones tras una barrida en las finales contra los Thunder de Durant, este año muchos ya celebraban el pentacampeonato de Tim Duncan. No obstante, la sangre altamente competitiva de LeBron James fue el factor determinante para aportar ese punto de épica que muchos anillos requieren. Y es que no todo iba a ser un camino de rosas en el rumbo hacia la leyenda. El carácter de un verdadero campeón, más la suma mágica del mejor tirador de todos los tiempos, Ray Allen, fueron suficientes para resolver una situación que ya muchos daban por perdida. El sexto partido de las finales pasará a la historia como un antes y un después en el rumbo de LeBron James, del Big Three de los chicos de la playa, y de la necesidad vital de la liga de ser dominada por un jefazo.

Ese es James, el jefe supremo de esta década. Y en los últimos 20 años solo han existido otros tres grandes: Michael Jordan, Kobe Bryant y el propio Tim Duncan, entendiendo como gran jefe aquel que es capaz de dominar como macho alfa todos los rincones de la cancha y conseguir resultados únicos (sí, Shaquille también es un jefazo de los últimos 20 años). Las instantáneas de este anillo nos dejarán imágenes recurrentes en la memoria. Por ejemplo, el arranque de orgullo de James cuando perdió su cinta en el sexto partido de las finales. En otro momento de su vida habría buscado desesperadamente la cinta, habría preservado como fuera su alopecia intentando ocultarla por encima de su posición histórica como jugador de baloncesto. Pero en esta ocasión, LeBron olvidó la cinta, cogió la pelota y se lanzó una vez tras otra hacia la canasta de San Antonio.

Con vehemencia anotó 14 puntos prácticamente consecutivos, con tiros que entraban desde cualquier parte, con entradas a canasta en los que no importaba quién lo defendiera, incluyendo un triple a la desesperada cuando su equipo perdía por 5 que dejaba el partido a falta de un milagro de Ray Allen. La pérdida de la cinta fue una señal, la señal de que aquel niño mimado ya se esfumó, y en su lugar nos encontramos a un hombre de 28 años en busca de la gloria. El resto del partido ocurrió como si todos los allí presentes, y todos los aquí presentes, nos hubiéramos metido LSD en cantidades industriales. Un tiro libre que no entra de Leonard, un rebote ofensivo de Chris Bosh cuando nadie lo esperaba, un hombre en la esquina, un triple que daba la prórroga. Una vez allí, el bueno de Bosh, que se ha convertido en algo así como una versión ‘gasoliana’ de sí mismo, completó con dos tapones consecutivos sobre Parker y Danny Green el que fue, con toda seguridad, el mejor partido defensivo de su vida.

Fue la señal. La cinta y el triple de Allen. Todo lo demás cayó por su propio peso, incluso el futuro de este equipo. Que hayan ganado el segundo anillo (el tercero de Wade y Haslem) se debe a que el Este aún está por explotar entre los equipos de arriba, que Parker se lesionó a mitad de series, que Green perdió sus particulares zapatillas de ‘Una pandilla de altura’ y que Tim Duncan, por sí solo, no pudo hacer nada frente a un Big Three que, por mucho que digan, sigue siendo hoy en día el mejor equipo del planeta. La ayuda de Leonard no fue suficiente. La realidad es la que es, en 3 años el equipo ha llegado a 3 finales y ha ganado 2 de ellas. Tras la decisión de James en el verano de 2010, tan solo un enrabietado Dirk Nowitzki, al que también el destino caprichoso del baloncesto le debía una, ha sido capaz de derrotar en una serie a 7 partidos a un equipo que se multiplica partido tras partido, con jugadores inesperados que aparecen como un efecto multiplicador para ayudar a su jefe. Lo decíamos en el análisis previo, sin Chalmers, Miller, Haslem y Battier los Heat no tendrían opciones. Y por segundo año consecutivo estos mismos hombres dieron el Do de pecho cuando hizo falta darlo. Si no hubieran ganado el anillo, a estas horas tan solo hablaríamos de la racha de 27 victorias consecutivas en liga regular, de que se quedaron a 6 juegos de igualar a los Lakers del 72, de los porcentajes brutales de LeBron en los dos últimos meses de liga regular. Pero tendríamos que decir que sucumbieron ante el poder en año impar del mejor 4 de todos los tiempos: Tim Duncan.

Pero eso no pasó, y el anillo ya reposa en la mano del Bilbo Bolson del deporte de la canasta: Pat Riley. Da la sensación de que el anillo siempre vuelve a su poder. Son ya 8 los trofeos que ha conseguido como jugador, entrenador y general manager. Casi nada. Por lo demás, LeBron ya puede mirar de tú a tú a prácticamente todos los jugadores de la historia, y solo el paso del tiempo y las hazañas del Rey sin cinta nos dirán hasta dónde alargamos su leyenda, nos dirán si solo fue el sueño de un monarca adolescente que duró 10 años hasta su madurez deportiva, o si le temieron los novatos y las estrellas futuras de la década de los 20. Con estos ojos miraremos a una leyenda cuando tenga 37 o 38 años, y quizá, al mismo tiempo que hoy loamos a Duncan y sabemos que su origen fue allá por el año 97, cantaremos cantares de gesta en torno al niño blindado por Nike que con 14 años ya ganó su primer millón de dólares. Sufriendo mucho, como él mismo ha declarado, con el esfuerzo más grande que jamás tuvo que hacer en una cancha de baloncesto, pero logrando lo que solo ese esfuerzo puede dar: la gloria.

PREMIOS

MVP: LeBron James. El chico que salió de las canchas de Akron, Ohio, llegó esta temporada a su cuarta final, ganó su segundo anillo, su cuarto trofeo de MVP (igualando a Chamberlain) y ya solo tiene por delante a Michael Jordan y Abdul-Jabbar, con 5 y 6 MVP’s respectivamente. Es el mejor jugador del mundo y lo demuestra casi todos los días en la cancha. No fueron sus mejores Playoffs, pero sí sus mejores finales, con un triple doble con 32 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias en el sexto partido y un salvaje 37-12 en el séptimo. Como dijimos en el análisis previo, ‘Primus inter pares’, el primero entre los iguales. Su reto personal pasa ahora por igualar los 6 anillos de Michael Jordan, que se dice pronto.

Sorpresa: Chris Andersen. Fue llegar él y el equipo empezó a ganar prácticamente todos los partidos. Fue el aire fresco desde el banquillo que el equipo necesitaba. Aunó la intensidad de otros años de Joel Anthony con el carácter ganador de LeBron y con unos porcentajes únicos, irrepetibles, históricos. Su 80% de acierto en los Playoffs no puede empañar algunas trifulcas callejeras en las que participó el bueno de ‘Birdman’ contra otros sospechosos habituales como Tyler Hansbrough o Joakim Noah. Pero esencialmente, eso poco importa ahora.

Decepción: Rashard Lewis. Es muy triste ganar un anillo de campeón de la NBA en el plan en el que lo ganó este tipo. Volvió a ser el jugador apático de los Wizards un año más. No se ganó ni 5 minutos por partido. Muy triste lo suyo.

Esfuerzo en vano: Este premio va dedicado a los Bulls, a los Pacers y a los Spurs. Todos ellos tenían un plan muy bueno para parar a LeBron, jugaron con intensidad, con los empujones de Mohammed, los brazos infinitos de Hibbert, los triples históricos de Danny Green. Pero ni siquiera poniendo toda la carne en el asador fueron capaces de parar a la bestia. Mayor esfuerzo en vano imposible. Ojito el próximo año.

JUGANDO A GM

No, no nos hemos olvidado de Dwyane Wade y Chris Bosh. Siempre los intentamos jubilar por estas fechas, diciendo que otro año más con las rodillas de Wade, con la falta de actitud de Bosh, etc. La realidad es que el Big Three de Miami tiene una composición particular e indisoluble. No se puede entender sin estas tres piezas. Wade volvió a renacer de sus cenizas como siempre, y Bosh, negado en la pintura más que nunca, se puso el mono de faena para bregar en su propia pintura defensiva. Ambos supieron como poner su calidad al servicio de James, y el resultado fue sobresaliente, pues consiguieron el ‘Repeat’. Esa es la realidad objetiva.

Ahora bien, seamos Pat Riley por un momento. Él sabe que los Big Three son tan sólidos como dependientes de sí mismos. Son yonquis de la cafeína. Si no juegan los tres juntos se echarán de menos. Y perderán. Pero si Riley mira atrás, sabrá que desde los Lakers del ‘Threepeat’ solo los propios Lakers de Pau y Kobe, y solo ellos mismos, los Heat de los ‘Beach Boys’, han sido capaces de llegar a tres finales consecutivas. En los tres casos al menos fueron capaces de llevarse 2 títulos de campeón. Luego todo se esfumó. Por eso es importante implosionar para ver brotar de nuevo una pieza en la pintura que ayude a James y Wade. Es imprescindible, más que importante. Chris Bosh es un pedazo de jugador, pero con su salario compromete al resto del equipo. Y no porque Wade o James no lo hagan, con salarios de casi 20 millones, sino porque no rinde todo lo que de él se espera. Y eso cada año se hace más patente. Es un problema de actitud. Por sensaciones no parece que los Heat puedan romper la racha la próxima temporada y llegar a una cuarta final consecutiva. Chicago, Indiana, Nets o Knicks aprietan cada vez más, y da la sensación de que de un momento a otro lograrán tirar del trono a James. Quítate tú, que me pongo yo, que dice el dicho.

Además, el traspaso bomba se tiene que hacer este año. El verano de 2014 puede ser el final de todo lo que empezó con aquel programa de televisión en 2010. Los tres tienen una player option para prolongar esto hasta 2016 o para recoger el chiringuito e irse cada uno por su camino al final de la próxima temporada. Antes de que las circunstancias obliguen a terminar de manera traumática esta sociedad de campeones, Riley debería mover ficha. Equipos como Sacramento no pueden retener a un pedazo de crack como Cousins indefinidamente. Deberían ir a por él a cualquier precio, incluso aceptando el expiring de John Salmons y el contrato tóxico de Chuck Hayes. Solo así podría ser posible un ‘Threepeat’.

Así, aunque mucho se ha especulado sobre Mo Williams y Greg Oden, el equipo debería seguir igual en la dirección, con dos perros de presa como Chalmers y Cole que no se esconden jamás, con la elegante incertidumbre en el puesto de escolta que finalmente les lleva al anillo en forma de Wade y Allen, y con un suplente de James, que si no puede ser Miller, al menos que sea Salmons. En un gran equipo podría jugar su mejor baloncesto, que lo tiene, y aportar en muchas facetas. Sabe defender, pero en los Kings da pereza, sabe anotar y pasar, pero eso cada día da más pereza también en los Kings. Y si tienen que seguir un año más con Haslem y Battier en el puesto de 4, ¿qué problema hay en eso? Pocos jugadores habrá en toda la liga que encajen mejor como pegamento industrial que estos dos tipos. No importa su calidad, a veces eso no importa nada. Ellos dan argumentos más sólidos, y si yo fuera el General Manager, los pondría a defender al lado de un verdadero center como DeMarcus Cousins. Solo así podría conseguir que James ejecutase su Player Option hasta 2016 y los Heat siguieran ganando títulos. El equipo quedaría así:

Bases: Mario Chalmers, Norris Cole
Escoltas: Dwyane Wade, Ray Allen, James Jones
Aleros: LeBron James, John Salmons, Rashard Lewis, James Ennis
Ala-pívots: Udonis Haslem, Shane Battier, Chuck Hayes
Pívots: DeMarcus Cousins, Chris Andersen, Joel Anthony

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4 comentarios a esta entrada

  1. Denise dice:
    #1

    Tu trade me gusta pero es que la cabeza loca de Cousins ni termina de convecerme.
    Yo apostaría por Lamarcus Aldridge mejor.

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  2. Heineken dice:
    #2

    Si yo creo que Sacramento y Portland están pensando en eso, en cambiar a sus estrellas por Velocirraptor Bosh

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  3. Denise dice:
    #3

    Heineken:
    Si yo creo que Sacramento y Portland están pensando en eso, en cambiar a sus estrellas por Velocirraptor Bosh

    Pero en la NBA los trades no solo se hacen desde el punto de vista deportivo, sino desde el económico.
    Y Bosh no es un paquete ni mucho menos, solo que Miami necesita un tio fuerte en la pintura.

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  4. rumbero dice:
    #4

    Muy bueno Sancho, creo que lo clavas explicando lo que han sido estos Heat campeones.
    Para mi este equipo y este anillo van a ir ligados para siempre a ese sexto partido. Con Lebron llegando a su cenit como jugador total sin su amada cinta pero siempre con la ayuda de sus compis en los momentos clave. Ese Chalmers que siempre suele aparecer, Wade sobreponiéndose a sus rodillas, un Bosh que es capaz de meter 0 puntos en un séptimo pero con esos dos rebotes y dos tapones que comentas, el Miller shoe shot, esos minutos impagables del pájaro, esa dosis de suerte del campeón…y el puto triple de Ray Allen que no me canso de ver y decir que es una MARAVILLA. En unos años lo meteremos como el triple más crucial de la historia de las finales. James por encima de todos pero sin olvidar que Riley ha montado un señor equipo.

    Sólo una cosa Sancho…deja de meter a tus Kings en todos los Jugando a GM!! xD No sabes nada…

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