Batir a los “Nine & 73-ers”

11 de April de 2012 por TheDeerHunter

“A nadie le gusta ser olvidado. Es una manera muy singular de ser recordado, pero lamentaría que alguien lo superara. Realmente espero que nadie lo consiga.” – Al Domenico (Preparador físico de los Philadelphia 76ers en la 1972-73)

Sorprende que se hable tan poco pero estamos ante un hecho insólito. Los Charlotte Bobcats están en condiciones de batir, casi 40 años después, uno de los más penosos récords de la historia del deporte: las 9 únicas victorias de los Sixers de la campaña 1972-73. Un caso absolutamente único y fascinante.

A falta de 10 partidos por disputar, 6 de ellos contra equipos de playoffs, su marcador registra 7 únicas victorias. No se alcanzará la marca de 73 derrotas gracias al lockout, pero sí puede llegar a igualarse el terrorífico 0.110 en porcentaje de victorias y, por supuesto, empeorar la cifra absoluta de 9. Abrumador.

Digo que sorprende que se hable tan poco porque tendría mucho “mérito” que otros alcanzasen los niveles de miseria de aquellos Sixers. Y es que la historia va mucho más allá de perder muchos o pocos partidos. Las anécdotas que se cuentan de aquella temporada en Philadelphia cumplen aquello de que la realidad supera a la ficción y tocan lo trágico, lo ridículo, lo estrambótico. Fueron hechos que marcaron las vidas y las carreras de algunos de los participantes, por no decir de cualquiera que pasara por allí y tuviera un mínimo de dignidad.

Alguna vez hemos mencionado la historia de pasada, porque ya estuvieron a punto de liarla los Nets hace un par de campañas. Sin embargo, ahora más que nunca, toca sacarla a la palestra. Puede darnos alguna idea del verdadero drama que se está viviendo hoy mismo en Charlotte y que en cierta medida tendemos a trivializar.

Contaba Paniagua que él conocía personalmente a Don De Jardin, el General Manager de la franquicia aquel año (único año, porque después lógicamente le despidieron) y destacaba que no solía hablar mucho del asunto. Si acaso alguna vez se limitaba a decir “Yo fui General Manager de los Sixers”  pero sin mencionar cuándo lo había sido.

Aunque es razonable asignarle su parte de responsabilidad relativa al cargo, antes de hacer leña del pobre hombre habría que comentar que la franquicia pasó en poco tiempo de las mayores gestas, con un equipazo impresionante armado alrededor de Wilt Chamberlain, a vivir a base de quintetos de despojos.

Así que el inicio de la tragedia habría que fecharlo en 1968 cuando “The Tilt” pidió el traspaso a los Lakers amenazando con la retirada, por lo visto despechado con el propietario Irv Kovsloff, quién no tuvo a bien cumplir la promesa del propietario anterior (el fallecido Ike Richman) de entregar a Chamberlain parte de la propiedad de la franquicia. El traspaso que se cerró fue finalmente Chamberlain por Darrall Inhoff (¿?), Archie Clark (¿?) y Jerry Chambers (¿?). Ríete tú del de Gasol. Sobra decir que ninguno de ellos batió récords en los Sixers.

Ya se sabe como son estas cosas: cuando una franquicia deja de molar los agentes libres huyen como de la peste. La puntilla la ponía la estrella Billy Cunningham en el verano del 72, cuando hacía las maletas a la ABA por discrepancias con sus emolumentos. Otra vez suena el nombre de Kovsloff. Está claro que de dar nadie se hace rico. Junto a Cunningham, por cierto, también hizo mutis el cuerpo técnico encabezado por Jack Ramsay, oliéndose posiblemente el viento que se avecinaba.

Para entender mejor en qué “jardín” (si me permitís la parida) se había metido el GM y diferenciarlo así del caso Jordan, permitidme citar directamente una de las anécdotas de Paniagua:

Una vez le pregunté a mi colega Don DeJardin si había habido alguna orden de arriba acerca de perder partidos a propósito. Tal vez para tener así más opciones en el draft del año siguiente. Su respuesta fue contundente: “No, en absoluto. No hubo órdenes”, me dijo. “De hecho, dudo mucho que los de arriba supieran siquiera que existíamos”.

Pues nada oye, alegría. Esto, por cierto, no sé hasta qué punto ilustrará el caso de los Bobcats. Posiblemente más de lo que pensemos porque diría que las papeletas de quedar últimos ya las tienen casi todas.

El caso es que la primera tarea del General Manager fue sondear el mercado de técnicos y como tampoco hubo una respuesta entusiasta ante las bondades de entrenar tal “plantillón”, se decidió por innovar. Fichó a Roy Robin, que había cumplido bien dirigiendo la universidad de Rhode Island, pero con nula experiencia NBA. Sólo decir que si buscáis Roy Robin en Google se puede constatar tan magna impronta que ha dejado su figura en la competición. Me atrevería a asegurar que ha habido alguien que se ha dedicado a borrar el máximo número de referencias que se hicieran de él.

Cabe señalar que en aquella época los jugadores eran “genéticamente” reacios a ser dirigidos por alguien que no calzara algún anillo en sus dedos. Y lo de “dirigir” y “reacios” son eufemismos, porque entonces el poder del entrenador medio era el que era. Encima llegaba un tipo con la “disciplina” universitaria por bandera y que se atrevía a definir a los suyos públicamente como “una plantilla compuesta por partes sobrantes procedentes de otros clubes, recibidas no necesariamente en las mejores condiciones”. Ahí, ahí Roy… con un par. Haciendo amigos.

Así que la plantilla era floja, sin un ápice de potencial y encima le tenía una ojeriza al coach que te querrías morir. Abrieron boca con un 0-15 y poco después firmaron otro récord de 20 derrotas consecutivas. El “equipo balneario”, decían ellos mismos, que curaba los males a todos sus rivales, aunque una vez se les fue la mano curativa en Portland y lo hicieron a guantazos contra todo el que se puso por delante. La batalla del Palace de Auburn una verbena en comparación.

A Roy le largaron con un 4-47 (¿por qué?) y ahí terminó su rutilante carrera. Seguramente de las más lamentables de la historia de los entrenadores jefe. Cuentan que nadie le hacía ni puñetero caso, que lo tenían marginado en los desplazamientos del equipo e incluso que una vez fue a cambiar a un fulano y que uno de los allegados le amenazó con una pistola. El susodicho siguió jugando tan campante. Qué tiempos aquellos para alguien como Arenas. Si es que ya no queda sentido del humor. Por si fuera poco se dice que una de esas 4 victorias fue porque los rivales querían echar a su propio entrenador. Tócate las narices, morena.

Después se hizo cargo del equipo uno de sus mejores jugadores (lo cual tampoco era decir mucho), Kevin Loughery, que ejerció de entrenador-jugador. Aquella decisión fue de lo poco remotamente aceptable que se decidió ese año. Quizá a alguno os sonará, pues cuajó una digna carrera como técnico y le pudimos ver dirigiendo a Miami a principio de los 90. Con él al mando se obtuvo una racha de 5 milagrosas victorias seguidas, quizá alguna regalada en esos partidos basura del último tramo de la regular. Tiemblo al pensar qué récord hubiera quedado para la posteridad sin esa inexplicable racha.

Al final de curso, a algún iluminado se le ocurrió montar un banquete para dar el MVP del equipo a Fred Carter. Al menos tuvo la dignidad de no acudir a recoger el premio. Decía que nunca tuvo claro si le premiaban por llevar al equipo a las 9 victorias o por liderarlos hacia las 73 derrotas. De ahí, por cierto, la mala leche del nombrecito que se les quedó: Philadelphia Nine & 73-ers. Cuanta mala leche.

Esa es a grandes trazos y sin demasiada precisión la historia del mayor despropósito de la liga. Años después los Vancouver Grizzlies firmaban 8 victorias en 50 partidos. Los Bobcats deben de ganar al menos 1 para escapar de los peores hitos.

El calendario es Detroit, @Miami, Boston, New Orleans, Chicago, Memphis, Sacramento, @Washington, @Orlando y New York.

¿Creéis que lo conseguirán? ¿Quedarán inmortalizados por tal hazaña? ¿Inventarán algún nombre molón ridiculizándolos? ¿Escribirán anécdotas tan fascinantes como las de los otros? Lo iremos viendo.

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2 comentarios a esta entrada

  1. Jack77 dice:
    #1

    Me caen bien los Bobcats, espero que no “consigan” este galardón. Su única opción es ganar a Detroit, NO y a los Kings, suerte a los seguidores de los Bobcats. Una auténtica pena.
    PD: Nunca sabremos si este equipo seria capaz de ganar más de 9 partidos en una temporada regular de 82 partidos.

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  2. Sancho88 dice:
    #2

    Jejeje, busco Roy Robin en Google Imágenes, y me aparece esta entrada, jajaja. Pobre hombre aquel, ni siquiera google se ha apiadado de él, cuando debería ser todo lo contrario, darse un premio anual honorífico al peor equipo llamado el Roy Robin. Coño, suena bien incluso. Igual que los anti-óscars, jajaja, estaría guapo.

    Pues no sé yo si pasarán de esas 8-9 victorias, pero al igual que quedé para la posteridad augurando una mierda de partido en el Thunder-Wolves, mi análisis también quedará para los anales, pues les veía 9º o 10º con 24 victorias, jajajajajaja. Coño, si incluso ayer, en Cleveland, contra un equipo lleno de Sloanes, Harris, Samardos…. de puta mierda, per sé, no tuvieron cojones a ganar. Debe ser muy triste, y claro, lo peor es que puede dejar marcados de por vida a los miembros de esta plantilla. Yo lo dejo en anecdótico, y pienso que el año que viene, si pillan ‘cacho’ en el draft, pueden tener un equipo apañadete, con otro entrenador, etc. Pero algo sí es cierto: la primera temporada de Kemba Walker en la liga quedará para el recuerdo por lo decepcionante que ha sido para él, no tanto en lo individual como en lo colectivo. Ha pasado de liderar un sueño como UCONN, a perder prácticamente todo en Bobcats. Menudo papelón…

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