Dice el tópico que todo vuelve. Si han vuelto Spandau Ballet y Tears For Fears, supongo que tenemos razones sólidas para pensar que el tópico no miente. Es más, si Eddy Curry ha sido capaz de perder 40 kg. (gracias a la revolucionaria dieta “Boris Diaw”, consistente en que Diaw se zampa toda tu comida) y regresar a las pistas tras más de dos años sin jugar, quiénes somos nosotros para cuestionar la evidencia.
Pero hay cosas que no necesitan volver porque, sencillamente, nunca se van. Damas y caballeros, niñas y niños, sean todos ustedes bienvenidos a la enésima edición del debate “¿Tira Kobe Bryant demasiado?”.

- "Te cuento. Se llama baloncesto y en esencia se trata de meter más canastas que el rival. ¿Sabes qué? Tú dámela a mí, y yo me encargo."
Kobe Bryant lanza mucho. Muchísimo. En eso vamos a estar todos de acuerdo, salvo, tal vez, Mike Brown, de quien no me atrevo a aventurar qué piensa del asunto y de la vida en general. El debate ha resurgido periódicamente, casi con cada racha anotadora de Bryant, desde sus primeros años en la liga. Posiblemente, la mayor peculiaridad de todo esto sea que se ha cuestionado a Kobe tanto en sus momentos de mayor miseria (desde los air-balls contra los Jazz en los Playoffs de 1997 hasta el 6 de 28 contra los Nuggets de esta misma temporada) como en las actuaciones históricas (las rachas de partidos con más de 40 puntos e incluso el día de los 81 puntos). Se le ha cuestionado a pesar de los éxitos, de los récords, independientemente de las circunstancias y de los resultados. Se le ha cuestionado a pesar de haber sido el máximo asistente de su equipo en 11 de las últimas 13 temporadas. Se le ha cuestionado cuando ha contado con compañeros de calidad, con compañeros no tan buenos, con compañeros malos y con Smush Parker.
La discusión resurge insistentemente, y parece que no se tiene en cuenta el hecho más simple, la condición más básica sobre la que debería construirse este debate: lanzar, anotar puntos como nadie, es lo que hace especial a Kobe Bryant. Siendo un jugador completo, capaz de defender, de dirigir y de hacer muy bien casi todo lo que se puede hacer sobre una pista de baloncesto, lo que distingue a Bryant es su feroz competitividad y su habilidad para meter la pelotita a través del aro. Esperar que Kobe tire menos es como esperar que Nash pase menos, que Blake Griffin haga menos mates o que Dwight Howard juegue menos en la pintura: en la gran mayoría de ocasiones no produciría resultados positivos ni en lo individual ni en lo colectivo. En cambio, haciendo lo que saben hacer es como estos jugadores ayudan a sus respectivos equipos.
Cuando Bryant lanza, si busca anotar, es porque entiende que incrementa sus probabilidades de conseguir la victoria. Y si no lanza (si la pasa, o si se queda en una esquina mirando) es por el mismo motivo, porque únicamente la victoria importa. ¿Cómo se explica, si no, que un jugador capaz de promediar 35 puntos por noche en una temporada no posea más que dos títulos como máximo anotador? Si fuese cierto que, tal y como se insinúa frecuentemente, a Kobe sólo le importasen los hitos individuales, me atrevo a asegurar que se habría alzado con dicho título honorífico en unas cuantas ocasiones más. En cambio, el escolta de Philadelphia ha jugado siempre por los títulos, no por los récords; porque es tan improbable conseguir un Anillo sin desearlo con el alma como alcanzar tantos hitos cuando son lo único que se busca. Leer más »