En la cima del mundo
25 de August de 2008 por TheDeerHunter
2:25 minutos para la conclusión de lo que algunos califican como el mejor partido de la historia de los juegos olímpicos. El gran capitán lanza desde la esquina y clava el triple que pone el marcador en un estrecho margen de 4 puntos.
Lo establecido se pone en duda. La autodenominada “redención”, perfectamente diseñada a todos los niveles para ganar y apabullar, queda seriamente amenazada y a alguno le puede pasar por la cabeza la bravuconada esa de “cambiar de bandera”.
Imposible capturar todo lo relativo a ese instante que pasa fugaz ante nosotros. Sería fantástico tener el poder de almacenar momentos especiales de nuestras vidas en pequeños frascos, para así revivir todas esas sensaciones cuando nos apeteciera. Uno de los que yo me guardaría sería ese 2:25 para el final, esa ilusión por la hazaña inesperada, esa emoción ante el esfuerzo y el sacrificio desbordantes o esa admiración por el derroche de talento.
Sin embargo, el momento pasa y la sensación se evapora o se distorsiona. El efecto del miedo a la no-redención no logró hacer temblar la mano y finalmente la gesta no tuvo lugar. Con el tiempo, dicen, nadie se acuerda del segundo…
Pero en ocasiones este tipo de afirmaciones pragmáticas quedan en entredicho ante acontecimientos excepcionales que rompen el orden impuesto. El gol de Pelé que no entró, o Maradona en saque de centro, Jordan sólo contra los Celtics ¿o incluso Dominique que ni siquiera logró acercarse a ningún anillo?. Sin duda nadie los ha olvidado.
En este caso será la propia final la que será recordada más que muchos campeones de algunos años, con el nombre del derrotado escrito en letras de oro.
Sólo hay que darse una vuelta por los medios norteamericanos para comprobar la magnitud del acontecimiento. El orgullo y la gratitud que sienten por haber logrado vencer por un estrecho margen, con una buena dosis de suerte y de “anomalías” externas al juego. Una selección tradicionalmente prepotente y orgullosa, acostumbrada a barrer en casi todos los campeonatos incluso con jugadores no profesionales considera ahora que este ha sido su más importante éxito internacional. Ni la URSS, ni Yugoslavia… ha sido España el rival digno que ha plantado cara al equipo increíble que han logrado juntar, tan sólo un peldaño por debajo del Dream Team original, el mejor equipo de baloncesto de todos los tiempos.
Y es que en estos momentos, con la retirada de Carlos Jimenez y la más que probable ausencia de algunas estrellas para próximos campeonatos menores, es hora de hacer balance de un extraordinario ciclo, que comenzó con el nacimiento de “Los Juniors de Oro” y tiene su colofón con este brillante subcampeonato.
Este ha sido, si me lo permitís, el “Dream Team” Español. El equipo perfecto… pero no porque sean los más altos, los más fuertes, los más rápidos o los más talentosos o porque ganen siempre. Indudablemente ha habido y habrá otros mejores que los nuestros. Sino porque representan el espíritu más puro de lo que aquí entendemos es el baloncesto. Generosidad, compañerismo, sacrificio, esfuerzo, conocimiento y talento… sin olvidarnos que también son altos, fuertes, rápidos… y que juegan cojonudo, leches.
Calderón, Raul Lopez, Ricky, Cabezas, Sergio
Navarro, Rudy, Berni
Carlos Jimenez, Mumbrú
Garbajosa, Felipe
Pau&Marc Gasol
Pepu, Aito
Gracias.
Disfrutemos de ellos mientras podamos

MagicJohnson32 dice: 26.08.08 a las 10:12
#1Ayer iba a publicar un artículo que va un poco en la línea del tuyo, pero no me dio tiempo a terminarlo. Te respondo con él:
Allá por septiembre de 2007, en el amanecer de este blog, inicié la redacción de un texto sobre el equipo USA Basketball. Se habían disputado los Panamericanos y, aunque reconociendo que aquello fue poco más que un entrenamiento, la imagen y las sensaciones que destilaba la selección norteamericana eran muy buenas. Pese a las abismales diferencias de aquella competición con la vivida estos pasados días en Pequín, el torneo de las Américas dio las claves que han permitido a los estadounidenses alcanzar la redención (“redeem” es la palabra favorita en los titulares de la prensa yankee). El regreso de Kidd otorgaba al equipo un sentido colectivo del que había carecido en citas previas, y el añadido de Kobe Bryant aportaba un plus decisivo en cuanto a liderazgo, mentalidad e intensidad defensiva.
Aquel texto, que no pasó de ser un borrador, señalaba a este grupo diseñado por Colangelo y dirigido por Krzyzewski como el mejor en mucho tiempo. Posiblemente, el mejor desde 1992. Los Juegos Olímpicos así lo han confirmado: USA ha recuperado el Oro y ha vuelto a abrir distancias con respecto al resto de países. Pero mi intención no era recuperar aquel texto ni analizar el juego norteamericano. Lo que quería era rendir homenaje a los equipos y a los jugadores que un domingo 24 de agosto nos permitieron ver uno de los mejores partidos de baloncesto de todos los tiempos. Si el equipo de baloncesto de los Estados Unidos vuelve a ser grande es porque fueron capaces de superar a una inmensa selección española.
Porque ya se sabe: la grandeza de tus victorias es igual a la grandeza de tus rivales. Y la grandeza de tus derrotas, también.
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